Esta exposición representa un cambio de rumbo en mi pintura. El lienzo es un escenario de tormentas internas donde el paisaje se resiste a ser paciticado. La nubes fracturadas habitan ese umbral exacto donde el caos y la necesidad de calma coexisten.
La tensión entre la geometría y la sutileza del paisaje atmostérico es un lenguaje que me permite expresar las vibraciones más densas de nuestra experiencia individual. Las líneas son límites psicológicos que sostienen la composición de la pintura bajo una presión invisible. Deseo que la densidad de esta atmosféra envuelva físicamente a quien recorre la sala. Al transitar por esta tensión, le invito a reconocer las fuerzas opuestas que le habitan y la resistencia de su propia psique.
Abierta al público hasta el 2 de agosto en la Galería Nacional.